
Lo que comenzó como una técnica milenaria, hoy en día ha evolucionado gracias a la crioterapia facial: un tratamiento estético que consiste en exponer la piel del rostro a temperaturas muy bajas durante periodos cortos de tiempo. Al provocar un «shock» térmico controlado, conseguimos despertar la piel, combatir los signos de fatiga y proporcionar al rostro esa sensación de firmeza que el estrés arrebata.
Esta técnica es conocida también como «Skin Icing». Esta técnica alcanzo su esplendor gracias a su espectacular efecto flash. La crioterapia facial ha revolucionado el cuidado personal gracias a su capacidad de desinflamar el rostro y porque actúa como un potente facilitador: al mejorar la microcirculación, la piel se vuelve más receptiva, proporcionando una mejor eficacia y absorción de otros productos.

El frío aporta múltiples beneficios al cuidado del rostro. Cuando aplicamos temperaturas bajas, la piel reacciona para protegerse, lo que genera una serie de procesos biológicos que van desde la eliminación de toxinas hasta la estimulación de proteínas estructurales.
Para entender la crioterapia facial, es necesario entender que es la vasoconstricción. Ante el estímulo del frío, los vasos sanguíneos se estrechan (se cierran) para así conservar mejor el calor corporal y proteger los órganos internos. Este movimiento mecánico actúa como un «entrenamiento» para las paredes de los capilares, mejorando su resistencia y elasticidad.
Además, lo más interesante ocurre en lo que llamamos vasodilatación refleja. Cuando retiramos el frío, los vasos sanguíneos se dilatan más de lo habitual para recuperar la temperatura habitual. Este efecto que se genera, acelera la eliminación de toxinas acumuladas en el tejido y permite que la sangre fresca inunde las células, proporcionando una dosis extra de vitaminas y oxígeno que la piel aprovecha para sus procesos de reparación.

La crioterapia facial es un tratamiento que sirve para todo tipo de pieles; desde las pieles jóvenes que buscan controlar el exceso de sebo, hasta las pieles maduras que necesitan recuperar firmeza.
Además, la crioterapia facial es un perfecto aliado para pieles con rosácea o acné inflamatorio. Este tratamiento reduce drásticamente la temperatura de la inflamación, clamando el ardor y disminuyendo la rojez de forma inmediata. En el caso del acné, ayuda a disminuir el tamaño de los granitos inflamados y clama la sensibilidad de la zona, ayudando a a piel a recuperarse más rápido


